Tener patrimonio no significa tenerlo bien estructurado

Acumular activos no siempre significa construir una estrategia

Una vivienda.

Una cartera de inversión.

Una empresa.

Una segunda residencia.

Una colección de arte.

Todos ellos pueden formar parte de un patrimonio relevante.

Sin embargo, tener varios activos no significa necesariamente que estén organizados de forma eficiente.

La gestión patrimonial comienza cuando dejamos de analizar cada elemento por separado.

El patrimonio debe entenderse como un conjunto

Es habitual tomar decisiones financieras en momentos diferentes.

Una inversión puede haberse realizado hace diez años.

Un inmueble puede proceder de una herencia.

Una póliza puede mantenerse desde hace mucho tiempo.

Mientras tanto, la situación familiar y profesional cambia.

Por eso, el primer paso consiste en obtener una visión completa.

¿Qué debería analizarse?

Una revisión patrimonial puede incluir aspectos como:

  • Distribución de activos.
  • Nivel de liquidez.
  • Concentración de riesgos.
  • Coberturas aseguradoras.
  • Inversiones financieras.
  • Patrimonio inmobiliario.
  • Participaciones empresariales.
  • Bienes singulares.
  • Objetivos familiares.
  • Planificación futura.

El objetivo no es complicar la estructura.

Al contrario.

Se trata de comprenderla mejor.

La concentración puede pasar inadvertida

Un patrimonio puede parecer diversificado porque contiene varios activos.

Sin embargo, quizá todos dependan del mismo mercado, sector o territorio.

Por ejemplo, una persona puede disponer de diferentes inmuebles y considerar que su patrimonio está diversificado.

No obstante, sigue existiendo una concentración elevada en una única clase de activo.

Detectar estos desequilibrios permite tomar mejores decisiones.

También debe analizarse la protección

La gestión patrimonial no se limita a invertir.

También implica identificar qué riesgos podrían afectar de forma significativa a lo construido.

Aquí entran en juego las coberturas aseguradoras.

Un seguro adecuado puede proteger determinados riesgos.

En cambio, una póliza desactualizada puede ofrecer una sensación de seguridad que no corresponde con la realidad.

El patrimonio cambia con las personas

Una estrategia adecuada a los 40 años puede no serlo a los 60.

Las prioridades evolucionan.

También lo hacen los ingresos, las responsabilidades familiares y los objetivos.

Por este motivo, la gestión patrimonial debería ser dinámica.

De los activos a la estrategia

El verdadero cambio aparece cuando cada elemento del patrimonio tiene una función.

Un activo puede aportar liquidez.

Otro puede buscar crecimiento.

Otro puede generar rentas.

Otro puede conservar valor.

Y otro puede tener una función emocional o familiar.

En Coraltus trabajamos desde esa visión global.

Porque un patrimonio no debería ser simplemente una suma de bienes.

Debería responder a una estrategia.

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